8/3/09

Para todas ellas

A aquellas que protestan y proponen
rodean de pan y rosas,
sin eliminar al otro
sin eliminar al otro porque son ellas quienes
saben lo que vale una vida...
se dedican a tejer, a tejer pero sin tela
y a reconstruir el mundo a pesar de los problemas,
de un pueblo que se debate entre,
los sueños y las guerras
pero ellas siguen tejiendo
porque el hambre nunca espera,
y siguen haciendo cosas,
aún cuando el sueño llega...

28/10/08

Sentimientos encontrados, de maestro.

Se acerca el final de otro año. Mucho sueños están próximos a realizarse, otros a frustrarse, pero sobre todo es tiempo de balances, de alegria por los logros y tristeza por los tropiezos. Como maestro me emociona mucho ver tantas caras felices de muchachos que sienten que al recibir su título de bachiller estarán abriendo una gran puerta a su futuro. Esto se les nota en sus fotos, en sus comentarios en sus risas, pero se me encoge el alma cuando los veo tristes, frustrados; cuando me cuentan todas las dificultades que hay en sus casas, cuando los veo refugiandose en el alcohol o en las drogas para huir de sus problemas.

A veces siento que no hago todo lo que debería o podría hacer por muchas de estas almas jóvenes, a veces me voy a casa con el sinsabor de haber dejado escapar una oportunidad de salvar el día de un niño o una jovencita. Pero otros días el corazón me late con fuerza por la labor cumplida, por la sonrisa franca de quien aceptó mis palabras, por el apretón de mano del papá o la mamá que sintió que alguien, además de él, cree que su hijo tiene esperanza de ser mejor persona.

Hoy sobre todo, los sentimientos se atropellan en mi pecho, tengo una gran tristeza, porque la muerte rondó a mi familia, pero estoy muy emocionado de leer los blogs de los muchachos de mi colegio y porque con esos blogs, mi tesis renace, porque estaba casi marchita.

A todos estos jóvenes que amo con amor de maestro, gracias por cada día de alegrías y tristezas, a mis compañeros que me acompañan, me apoyan o incluso a los que me juzgan, gracias también por sus palabras, pero sobre todo sus presencias. Aquí estoy y espero esta por algún tiempo, compartiendo hombro a hombro y día a día, mi "oficio de maestro".

6/8/08

Lectura, escritura y tecnologías

...así como el texto rompió la mediación proxémica presente en lo verbal, la hipermedia rompe la linealidad del texto, posibilita varios recorridos, múltiples sentidos en el es posible desarrollar una lectura laberíntica y probabilística que se multiplica y se enriquece cuando es posible el recorrido por múltiples textos conectados en redes.

Hay quines afirman que el texto escrito nunca ha sido lineal que nadie está obligado a leer el Quijote comenzando en la primera página y terminado en la última, que el lector puede escoger la ruta que desee cuando se enfrenta al texto escrito, que Cortazar no hizo nada novedoso al escribir Rayuela y posibilitar e incluso recomendar diferentes rutas para leer los capítulos de su obra. Es decir que todo texto de por si ya es hipermedial e hipertextual y que lo que se hace en internet, mediante links o hipervínculos es simplemente posibilitar muchas opciones de recorrido que el lector puede hacer del texto y sobre todo mediar de manera efectiva en las posibilidades de conexión y secuencialidad entre los múltiples textos, lenguajes o iconos que se le pueden incorporar al texto hipermedial.

Pero además de esto, lo que implica el acceso a la hipermedialidad y la hipertextualidad es la incorporación de nuevas temporalidades. El lector de hipertextos no siempre está leyendo aquí y ahora el texto, no siempre está accediendo a lo que el autor agregó al texto justo antes de que el lector accediera a él, puede estar viajando a un distantísimo pasado en la historia de construcción del texto, a una versión que estuvo ayer pero que hoy ya fue modificada y más aún a un próximo futuro, cuando a través de su blog o su página personal el autor posibilita la interactividad, la opción de que sea el lector el que defina el rumbo que tomará la historia, al agregarle un nuevo “post” o entrada.

Quizá Rodari en su Cuentos para jugar, se aproximó un poco a eso, al proponer varios finales para sus cuentos y dejar a elección del lector el que mejor le pareciera, pero hipermedia e hipertextualidad van mas allá, sobre todo cuando enriquecen enormemente las posibilidades de recorrido y navegación por el texto, y sobre todo cuando dan cabida a la interacción entre autor y lector, opción esta que resulta plenamente evidenciada en lo que se ha dado en llamar la Web 2.0 la nueva tendencia en la creación de contenidos para internet, que tiene como hecho relevante y novedoso el que ya no es el autor, dueño o creador de la página o sitio quien define sus contenidos, sino que se abre la opción a que cualquiera que acceda a ellos pueda modificarlos, transformarlos, enriquecerlos.

Así pues el texto, la escritura, la producción escrita se hace social, polifónica, contiene las voces de muchos y el asunto de la autoría y la originalidad adquiere otros matices no explorados o ausentes en el texto escrito sobre papel. Quizá uno de los ejemplos mas notorios de este hecho lo constituye Wikipedia y en general todo el fenómeno wiki. “Un wiki, o una wiki, es un sitio web cuyas páginas web pueden ser editadas por múltiples voluntarios a través del navegador web”, dice Wikipedia en su definición de wiki. La escritura adquiere en este contexto un interesante matiz de producción social, colaborativa, en permanente transformación y, se supone perfeccionamiento. Se requerirían entonces de nuevas competencias y mediaciones para acceder a esta posibilidad de producción textual, porque no solo se hace wiki para construir una enciclopedia, ya existen wiki-novelas, wiki-cuentos, wiki-videos.

¿Se desdibuja frente a estos panoramas el papel de la escuela como formadora de lectores y escritores? ¿Terminan sobrando las actividades de taller de escritura y producción de textos? Estas preguntas resultan equivalentes a las que se hicieron con el advenimiento de la imprenta, de la radio, la televisión y en general de cada nueva herramienta tecnológica. Quizá no sea posible dar respuesta a ellas en este texto, pero si es válido dejar planteados estos y más interrogantes frente al quehacer de la escuela y del maestro con respecto a la introducción de las competencias tecnológicas relacionadas con la lectura y la escritura. Quizá resulte pertinente dejar sentado que definitivamente no podemos seguir entablando una discusión, perdida desde sus inicios, entre la escuela y los computadores con todas sus herramientas, posibilidades y accesorios que han introducido nuevas mediaciones y nuevas competencias para lectores y escritores.

1/7/08

Leer y escribir, una historia de vida (III)


Durante los años de mi bachillerato, la lectura y la escritura se mezclaron con la taquigrafía, la contabilidad y la legislación comercial propios de la modalidad comercial que impartía el colegio. Aprender a escribir a máquina fue al comienzo un proceso traumático, pero una vez dominé la técnica, me desenvolví muy bien haciendo y presentando trabajos, entre ellos los “análisis literarios” que me asignaban en las clases de español. Recuerdo haber leído y hecho el respectivo trabajo de textos como “El alférez real” y “Pepita Jiménez”, así como de “Petróleo Colombiano, ganancia gringa”, que me introdujo en la comprensión de la problemática de la riqueza nacional y su constante apropiación por las multinacionales; y que discutí con particular interés en las clases de historia y economía política. Hoy percibo que en esos tiempos se engendraron mis primeras ideas políticas, que aún hoy mantengo y defiendo.


Mi abuelo, de quien llevo su nombre, igual que mi padre, era un sastre de esos que hoy casi no se encuentran, era un ávido lector de los pocos periódicos de ideas socialistas que llegaban y circulaban en el país en aquellas épocas. Pero también devoraba literatura, en sus últimos años, cuando la artritis no lo dejó medir y cortar paños, fueron varios los libros que leyó y comentó conmigo. Recuero especialmente la conversación que sostuvimos acerca de “El Perfume” de Suskind, la claridad y asombro que las imágenes de esta obra dejaron en nuestras mentes, las compartimos con especial emoción. Hoy, este libro sigue siendo uno de mis recomendados, aquel que salvaría del diluvio.


Cuando llegó el momento de decidir qué estudios universitarios iniciar, de nuevo la influencia de mi madre fue vital. Yo había decidido, hacía unos 4 años, que me inclinaría por las ciencias naturales, la biología en particular pero no tenía idea de en qué universidad. En primer lugar pensé en la Nacional, pero mi mamá dijo: “Usted que va a hacer con un título de Biólogo?, en cambio un Licenciado en Biología, siempre tendrá opciones de trabajar en un colegio”. Yo en verdad no tenía ningún reparo hacia la docencia, por el contrario la imagen respetable me mi madre maestra influyó en la decisión, así que entré a la Universidad Pedagógica, aprovechando además que existía una ley que eximía a los hijos de los educadores oficiales del pago de matricula, de modo que durante todos mis estudios no pagué más de $3000 cada semestre, por carné y seguro.


Las lecturas en la universidad incluían obras clásicas del pensamiento científico como “La lógica de lo viviente”, “El azar y la necesidad” y “El gen egoísta” y lógicamente las de los grandes pedagogos: Durkheim, Piaget, y otros. Hice mis primeros ejercicios de ensayo, tanto en el campo de las ciencias naturales como en el de las sociales y de la educación, y al decir verdad y modestia aparte siempre recibí buenos comentarios al respecto.

21/5/08

Leer y escribir, una historia de vida (II)

Pero volvamos y mi experiencia con la lectura y la escritura. Definitivamente, el Instituto Honda, era un colegio sui generis, cuando mi madre nos dejaba, camino a su escuela, el profesor Chacón apenas se estaba levantando, nos abría la puerta, prendía el televisor, en blanco y negro y nos dejaba viendo Televisión Educativa, mientras él se dedicaba a sus actividades personales. La mañana transcurría entre más televisión, algo de juego con los escasos compañeros y “tomar las onces”, al final de la jornada, cuando mi madre llegaba para llevarnos a casa, el profesor Chacón nos “tomaba la lección”, con la cartilla Coquito o alguna otra diseñada para el mismo fin. El profesor señalaba con un lápiz la imagen de una pipa y yo leía la palabra bajo el dibujo, con la letra p en rojo: “pipa”.

Terminado ese año, que vino a ser como una especie de lo que hoy llamamos Transición, mi madre me llevó a cursar primero en su escuela, con otra maestra, claro está. Ese año fue aburrido pues mientras mis compañeros hacían “aprestamiento” y comenzaban con las vocales, yo ya leía y escribía, de modo que a mitad de año me “pasaron” a segundo, como “asistente”, una figura que hoy no existe, pero como ese curso no lo hice completo, al año siguiente, lo tuve que repetir. El resto de la primaria, la cursé en Honda, en la Escuela Urbana de Varones Alto del Rosario, de donde salí a cursar el bachillerato en el Colegio Departamental Alfonso López Pumarejo, dirigido por hermanas de la presentación, pero con docentes al servicio del departamento.

Creo que en mi niñez y juventud, conté con bastante de lo que Bourdieu llama “capital cultural”. Mi padre siempre compró libros, a pesar de que la situación económica nunca fue boyante, cada vez que la industria editorial lanzaba una serie de literatura o de fascículos coleccionables casi de cualquier tema, el los iniciaba, algunos nunca los completamos, otros si pero en casa siempre hubo algo que leer y durante las comidas, ocasionalmente comentábamos lo leído, además mi casa siempre fue una especie de biblioteca comunitaria para los vecinos, los hijos de las compañeras de mi mamá y nuestros compañeros de colegio. Al fin y al cabo, en la casa de una profesora siempre hay libros para resolver tareas.

Entre el universo de libros que había en mi casa, ocupan un lugar especial en mi memoria dos colecciones importantes: La primera una llamada “El nuevo tesoro de la juventud”, una enciclopedia de 20 tomos, editada en México en 1975 y que distribuía sus contenidos bajo secciones como: Narraciones interesantes, el libro de los por que, el libro de la ciencia, los países y sus costumbres, el libro de las bellas artes, el libro de la poesía, libros celebres, etc. Me veo absorto entre sus tomos, teniendo mis primeros acercamientos con la mitología griega, con los clásicos literarios de todo el mundo, con las maravillas de ciencia y la tecnología y en fin con todos esos temas que además de servir muy bien para “hacer tareas”, ofrecían un verdadero deleite a la mente de aquel joven inquieto por el conocimiento que era yo.

La otra joya de mi biblioteca, la cual recién rescaté y hoy me acompaña en la casa donde veo crecer a mis hijos, es una hermosa edición de “El Quijote de la Mancha, en versión “comic”. Los personajes y las historias del ingenioso hidalgo se pasean dibujados a todo color, sobre fotografías, supongo de paisajes españoles y los diálogos aparecen dentro de los clásicos “globos” de conversación. Esta fue mi primera aproximación a la obra de Cervantes, que complementada con comentarios de mi madre, me motivaron a leer, algunos pasajes de este clásico de la legua de Castilla.

18/5/08

Leer y escribir, una historia de vida

Mi madre fue maestra de primaria, hasta el día de su muerte. Su trabajo fue siempre con niños de primero y segundo, nunca quiso trabajar con otros cursos. Recuerdo los comentarios de las madres de familia: “menos mal que a mi niño le tocó con la profesora María Antonia, porque con ella si aprenden a leer y escribir”. Hoy quisiera haber conocido y aprendido el método que utilizaba para lograr esto, seguramente era el tradicional, pues alcanzo a recordar las láminas con imágenes de mamá y la letra m combinándose con todas las vocales.

Nunca fui alumno de mi madre, por lo menos no en su salón de clase, ella decía que enseñarles a los hijos no era fácil, de hecho ninguno de mis hermanos tampoco estuvimos en un banco mientras ella enseñaba. Casi todos los recuerdos que tengo de ella como maestra, ocurren en una pequeña escuela, de una sola aula, muy cerca del primer puente metálico construido sobre el Río Magdalena, en una Inspección de Policía, de Cundinamarca, llamada Puerto Bogotá y separada de Honda, Tolima, solo por el río.

Mi primer maestro fue el profesor Chacón, ahora caigo en cuenta que nunca supe su nombre. Él era el dueño, rector y único maestro el Instituto Honda, un colegio venido a menos, después de varios años de gloria y de ser uno de las pocas instituciones privadas que había en la ciudad. Mi papá había sido discípulo y creo que también maestro en el instituto en su juventud y durante más de una semana el tema de conversación en la casa fue el ingreso de mi hermano y yo al colegio del profesor Chacón. La mañana del primer día de clases, cuando mi madre nos levantó, mi hermano, un año menor que yo, exclamó regocijado: “¿ya nos vamos para el colegio del profesor machaco?”.

Mi experiencia con la escuela, desde esas lejanas épocas, seguramente marcaron algo de lo que hoy es mi quehacer diario. La imagen de mi madre enseñando a tantos niños, durante tantos años, así como el compartir con las demás profesoras de aquella comunidad y en especial la percepción que siempre he tenido del nivel de reconocimiento que ellas y su trabajo tenían dentro de aquellas gentes; creo que tienen mucho que ver con mi posterior decisión de hacerme maestro y con mi búsqueda permanente de mejoramiento para poder dar mas de mi en cada acto comunicativo y educativo que he emprendido y sigo emprendiendo, primero en un aula y ahora desde la coordinación de convivencia.

Seguiré contando algo de mi vida, la próxima semana

16/8/07

Leer en clase


¿Qué hace un libro de cuentos sobre el escritorio del profesor en la clase de matemáticas?. Muchos dirán que nada, que lo dejó uno de los estudiantes o que el profe se volvió loco. Yo en cambio creo que el profesor encontró la manera de hacer que sus estudiantes descubran que el lenguaje humano es el mismo para hablar de matemáticas o de princesas y hadas y que a partir de esto puedan encontrar en los números otra forma de expresar sentimientos y con ello dejar de pensar que las multiplicaciones y las potencias son inventos de algún desocupado para amargarles la vida.

Llevar un buen libro de literatura a una clase, sin importar el área, es una experiencia formidable, que puede hacer que aún el más desordenado, alborotado y desatento de los grupos encuentre en su maestro y en su clase otra opción para soñar y ser felices.

Que tal empezar una clase de Etica con algo así:

—¿Me haces un favor?
—¿Qué clase de favor?
—¿Quieres tenerme mis avioncitos durante todo el recreo?

—¿Durante todo el recreo?

—Sí, es que tú eres mi cielo.


Es uno de los mas bellos poemas del libro "La Alegría de querer" de Jairo Anibal Niño, uno de los más grandes escritores colombianos. Unas palabras tan sencillas, puestas con suficiente amor y entusiasmo, pueden lograr maravillas en las mentes y almas de nuestros niños y jóvenes.

Profes, atrévanse a intentar algo así, no teman perder la seriedad de su clase o el respeto de sus estudiantes mostrando su lado humano, aquel que nos hace capaces de amar, sentir y soñar; verbos que a veces olvidamos conjugar y que deberían ser los que guíen a diario nuestra acción como maestros

13/8/07

Labor sin esperanza?

Cada día, cuando debo atender a muchos jóvenes de mi colegio, que llegan a mi por múltiples razones, la mayoría buscando algún apoyo para sus dificultades en el salón, el patio del colegio o hasta sus casas, me pregunto por qué a veces nuestra labor como docentes pareciera no tener esperanza.

Cuando veo en la cara de alguno de ellos el dolor, la rabia, la tristeza o el desasosiego, trato de descubrir detrás de ese gesto un sentimiento en el que quizá yo o alguno de mis compañeros no hemos reparado o tal vez tenemos algo de responsabilidad.

Entonces me esfuerzo en que mi acción, mis palabras o mis gestos mitiguen esa incomodidad que lo ha llevado hasta mi escritorio, trato de resolver esa inquietud que no le ha permitido esbozar la sonrisa que normalmente acompaña a todo joven. Y cuando de sus bocas salen palabras de rencor contra alguno de mis compañeros, trato de colocarme en los zapatos de ambos: en los del joven porque nunca quisiera que alguno de mis hijos pasara por algo similar; en la de mi compañero porque intento descubrir cuánto cansancio, estrés, angustia o dificultad familiar hubo detrás de ese acto que rompió en pedazos la esperanza que aquel joven tenía puesta en su maestro.

En medio de la desesperanza que pareciera invadir cada espacio de nuestras escuelas, siempre habrá una sonrisa de un niño o un joven agradecido, una palabra de afecto y gratitud, un "gracias profe" o un "nos vemos" que nos salva, que nos convence de que no estamos allí por error, casualidad ni con todas las posibilidades perdidas. Cuando un papá o una mamá frente a nosotros agradece lo que hacemos por su hijo, recuperamos esa esperanza que nos motivó a hacernos maestros y no ingenieros o arquitectos.